Aunque la terapia con frío ha ganado mucha popularidad últimamente, sus orígenes se remontan a tiempos muy, muy antiguos.

El tratado quirúrgico más antiguo conocido sobre traumatismos, datado en el 3500 a. C., ya hacía numerosas referencias al uso del frío como terapia para tratar la inflamación. Desde entonces, se ha convertido en una terapia muy moderna que se utiliza no solo para lesiones deportivas, sino también para la recuperación tras el ejercicio, el tratamiento de ciertas enfermedades del sistema nervioso, el desarrollo personal e incluso con fines meditativos.

Otro ejemplo documentado del uso de la crioterapia en la antigüedad se encuentra en la antigua Grecia, en el año 400 a. C., cuando Hipócrates utilizaba agua fría para tratar la hinchazón y el dolor. Posteriormente, en el año 1050 d. C., monjes anglosajones emplearon hielo como anestésico local.

En 1845, el médico inglés James Arnott descubrió que la aplicación de frío era un tratamiento muy eficaz para el dolor nervioso y las migrañas. Fascinado por su descubrimiento, continuó investigando otras posibles aplicaciones terapéuticas del frío. Uno de sus hallazgos fue que los tumores se reducían al aplicarles frío.

En un estudio holandés de 2014 realizado por la Universidad Radboud sobre el método Hofs, se demostró que los efectos de las infecciones pueden reducirse mediante ejercicios de respiración y la exposición al frío. Esto no solo lo demostró el propio Hofs, sino cualquier persona que utilice su método.

En 2018, en el estudio «El cerebro sobre el cuerpo», publicado en NeuroImage, se investigó al famoso atleta Wim Hof. Los investigadores descubrieron que Hof es capaz de usar su mente para inducir artificialmente una respuesta de estrés en su cuerpo que le ayuda a resistir los efectos del frío. Se estableció que Hof puede activar una función analgésica interna mediante ejercicios de respiración, para luego exponerse a una amenaza como el frío extremo y repentino.

Hoy en día, millones de personas utilizan la crioterapia. Ayuda a los atletas en su recuperación deportiva y contribuye a que las personas fortalezcan su sistema inmunológico y lleven una vida más plena al sentirse fuertes, sanas y felices.

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